Da la sensación de no encontrar nada nuevo a la vuelta de la esquina, ya no hay monstruos debajo de la cama. Es un hecho irrefutable que el Barón de Münchhaussen muriese en su cama en el 1797. Es preferible perderse en la falacia de una edad de oro.
Quizá algún día cuenten:
"Y una vez desnudado el mundo de su velo de fantasía tan solo quedó la realidad que tan ávidamente fuimos a buscar, y cuando nos la encontramos era una vieja ensangrentada, agazapada en un rincón. Y con la mirada demasiado perdida."
Pero esto jamás ocurrirá. Jamás ocurrirá mientras quede un oso perezoso que asista a clases regularmente y lea el periódico todas las mañanas en clase. Y que para cuando entre el profesor, él muy educado y aplicado, sonría dándole los buenos días.