* Información al consumidor
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El chef le prepara una excelente y aleatoria cata de platos de un gourmet excepcional. Gratuita degustación para pladares aburridos. Déjese llevar por esta vorágine sopa de imágenes y letras producto sincero del aburrimiento crónico de este siglo.
Todo ello con mucha imaginación, muy condimentado.

No se haga de rogar.
Pase, vea, deguste y escupa.





















domingo, 19 de junio de 2011

"E - La misión era tomar la colina. Éramos cuatro, cinco contando a Vicente, pero había perdido una mano al estallar una granada y no podía luchar como lo hacía cuando le conocí. Y era joven y valiente, y la colina estaba encharcada de tanta lluvia y el camino descendía, y había muchos soldados alemanes, y se trataba de apuntar al primer grupo y con puntería certera retrasarles.

G - ¿Tenía miedo?

E - ¿De qué?

G - De que le mataran.

E - No escribirá bien si tiene miedo a morir. ¿Lo tiene?

G - Si, lo tengo. Yo diría que es quizá mi mayor miedo realmente.

E - Es algo que le ha pasado a todos los hombres y a todos les pasará.

G - Lo sé, lo se…

E - ¿Ha hecho el amor con una auténtica gran mujer?

G - La verdad es que mi novia es bastante sexy.

E - ¿Y cuando hace el amor con ella siente una pasión bonita y veraz, y al menos en ese momento pierde el miedo a la muerte?

G - No, no suele ocurrir… no.

E - Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte, la cobardía viene de no amar o no amar bien que es lo mismo. Cuando el hombre que es valiente y veraz mira cara a cara a la muerte como cazadores de rinocerontes que conozco, o Belmonte que es valiente de verdad; como aman con suficiente pasión apartan a la muerte de su mente, hasta que vuelve como hace con todos los hombres, y es hora de volver ha hacer el amor de verdad. "

lunes, 25 de abril de 2011

Sous le ciel de Paris

Resuena un pequeño gorrión en las barriadas de mi cabeza, por París. Bajo un onírico tapete teatral: Deméter reencontrándose con Perséfone; pues suspiran les Champs Élysées como en un fértil sueño bañado en almíbar.
Despunta un naranja oriental que se está desparramando por el cielo, manchando tejados y sábanas. Pronto se mezclará con un fucsia sinuoso que atraca cerca del occidente tiñendo las aguas. Con la apertura del jazmín se advierte ya la oscura inundación de las calles.
Y en este océano azabache, como otras tantas veces, habrá un pequeño baile de luces y sombras en alguna intrincada terraza. Carne, discusión, alcohol y café, nada más y nada menos.


miércoles, 6 de abril de 2011

Cómo se crea una arquitectura utópica ideal. Vol. I

Al minimalismo lo han violado con alevosía y diurnidad, y nocturnidad.
Se ve que a los arquitectos les ha hecho gracia plasmar la recta técnica del lápiz a la realidad. Muchos son los que lo hacen bien, como no; pero otros tantos ya simplemente prostituyen la idea por vicio y comodidad, haciendo verdaderos zafarranchos entre sus elementos arquitectónicos, e incomodando al pobre, pobre ciudadano que se observa como si estuviese en “Regreso al futuro XXXVIII” esperando entre tanto follón ser devorado por un holograma, aunque seguramente tendría una calidad tan pésima que precisaría algunas gafas en 3D para sentirse estúpidamente devorado.

Ahora, no sé por qué, me viene a las mientes Calatrava, que parece que se ha encantado demasiado mirando su obelisca obra olvidando su contexto. Y muchas de su titánides obras han acabado hiriendo de gravedad hermosas ciudades, como la Venus del Adriático, maculándolas con profundas cicatrices en su rostro.
En otros lugares como Valencia, (y puestos a metaforizar) La Perla del Túria, por lo visto se le ha dejado que campe a sus anchas por el antiguo cauce del rio, allí parece que no moleste a nadie. Pero como le dejen salir de allí ya me veo una Plaza Redonda con forma de ojo donde no quepa nadie; o una Plaza de Toros tan laberíntica que nadie podría entrar ni salir de allí y a dos por tres el toro paseándose por la calle Colón. Todo muy práctico.

Y es que hay que saber cuándo una cosa está fuera de lugar o resulta tan vista como ordinaria.
No hay que extenderse cuando precisamente el minimalismo pretende lo contrario; reducirse a su mínima esencia.
Y por otro lado no hay que invadir una ciudad como una plaga o mancharla deliberadamente rompiendo su estética histórica.

Que si, que incluso puede ser ecléctico (si está bien hecho, que no es el caso), y eso es original e innovador, pero feo.





“No sigáis, por favor…”

Un ciudadano abatido tras un ametrallamiento arquitectónico actual.